Agenda Ciudadana
Jueves, 03 de Julio de 2008
EL PODER Y SU IMAGEN
En alguna medida, los imperios mantienen su poder porque los otros tienden a dar por sentada su superioridad no sólo económica o militar, sino también política e incluso moral, lo que facilita mucho el ejercicio de dominación.
Las incursiones en los archivos de las grandes potencias pueden ser en extremo reveladoras, entre otras cosas, de que su inteligencia política no es superior. Un ejemplo que concierne a México en su relación con el poderoso vecino del norte tiene que ver con una sucesión presidencial que tuvo lugar hace más de sesenta años –la de 1946- y donde las consideraciones de los profesionales norteamericanos muestran destellos de lo que en otros podría calificarse de inocencia, pero que en el país que en ese momento era ya la mayor potencia, tiene que ser calificado de otra manera.
EL CONTEXTO
Al concluir la II Guerra Mundial, Estados Unidos emergió como la única potencia cuyo poder era superior al que tenía al inicio del conflicto. Las demás estaban desgastadas en extremo, incluidas las vencedoras -la Unión Soviética y Gran Bretaña. América Latina se encontraba en la zona norteamericana de influencia indiscutible.
Se suele considerar a 1947 como el inicio de la Guerra Fría –la división del mundo en dos bloques enfrentados: el capitalista y el socialista-, pero en realidad esta rivalidad ideológica ya era evidente tras la muerte del presidente Franklin D. Roosevelt en abril de 1945. Esa rivalidad se reflejó en todo el orbe y, desde luego en México, donde la consideración de a que corriente política o personaje se clasificara como comunista o simpatizante de los comunistas, y por ende de la URSS, se convirtió, para la embajada norteamericana, en la piedra de toque para determinar la actitud a adoptar.
Leer mas
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario